Los minerales se pueden dividir en dos grandes categorías de acuerdo con la cantidad que nuestro cuerpo necesita para funcionar correctamente. Los minerales principales incluyen el calcio, fósforo, magnesio, potasio, cloro y sodio. Juntos, el calcio y el fósforo representan el sesenta por ciento de los minerales necesarios. El hierro, zinc, selenio, yodo, cromo, flúor, cobre, manganeso, molibdeno y cobalto, en cambio, representan sólo una mínima cantidad del total de los minerales que el cuerpo necesita. Desde el nacimiento, los minerales son fundamentales para un óptimo desarrollo y crecimiento. Su deficiencia puede provocar diversas enfermedades.
Para asegurar una correcta absorción de los minerales debemos tener en cuenta otros factores como por ejemplo la ingesta de vitaminas (la vitamina C ayuda en la absorción del hierro) presentes en vegetales y cereales. El calcio, conocido por su rol en la formación de huesos y dientes fuertes, no puede lograr su efecto por sí solo. Necesita de las vitaminas D y K, del fósforo y del magnesio para mantener la salud de los huesos.
El hierro es el mineral que forma parte de la hemoglobina y que tiene como función específica transportar el oxígeno desde los pulmones hacia los tejidos.
El sodio, el potasio y el cloro son importantes, ya que ayudan a los nutrientes, como la glucosa, a entrar en las células y también a trasportar los desechos de las mismas. Además, mantienen el balance de agua, trasportan los impulsos nerviosos, regulan la tensión arterial y el pulso cardíaco.

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